jueves, 1 de octubre de 2009

Caminos

Aprendí. Eso es algo bueno que puedo decir que hice. Es más, mejor es decir que aprendo todavía. Por supuesto que todos aprendemos, eso ya lo sé. Pero esto es mejor que aprender cuando te enseñan. Lo que yo digo es que aprendí por mí mismo. No me estás escuchando bien... no dije que aprendí DE mí mismo, dije POR mí mismo. Y todo lo que tuve que hacer es mirar a mi alrededor un segundo. Como se diría en la cancha, paré la pelota y levanté la cabeza.
Quizás sólo sea un exceso de optimismo nomás, pero es increíble que existan tantas cosas por delante, que en este momento tenga tantas oportunidades, tantas elecciones por hacer. Es una sensación de terrible libertad. Recién estaba pensando que era una sensación similar a la que tuve cuando hice parapente. En un momento dado, te tirás al vacío y vas tratando de buscar corrientes de aire que te lleven cada vez más arriba. Estar en el aire, viendo todo desde arriba, es algo único. Porque tenés panorama, porque podés decidir mejor hacia donde dirigirte. Porque no te dejás llevar por la primera corriente sino por la que creés que es mejor. Y no hay nada más lindo que tener elecciones. Poder decidir es lo que todos deseamos, porque en ese momento es cuando realmente somos libres. Está claro que hay ciertas decisiones que generan más miedo que otra cosa, pero como decía un conocido filósofo contemporáneo: "El miedo es como un fuego en nuestro interior. Si lo controlamos nos mantendrá calientes para seguir peleando. Pero si no lo controlamos se extenderá y nos devorará y también a quienes amamos."
No pierdas la oportunidad de parar, de sentarte a pensar cuando todos están corriendo. De evaluar si lo que estás haciendo te hace feliz. Qué es lo peor que te puede pasar? Tener que volver a empezar? Eso es realmente tan malo?